Horror sueco, una pareja inseparable

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De Fjallbacka a Ystad, pasando por Estocolmo y el imaginario Hedestad. Y personajes con nombres tan exóticos como familiares: Kurt Wallander, Lisbeth Salander, Erica Falck y Patrik Hedström, Kalle Blomkvist, Annika Bengtzon. Si sus estantes están inundados de libros de misterio, el 90% de ellos son suecos.

El horror sueco es un fenómeno real, que explotó en Latino América gracias a Marsilio. Es por los tipos de la editorial veneciana, de hecho, que en 2007 llega “Los hombres que no amaban a las mujeres”, el primero de los libros que componen la trilogía Millenium.

El autor, el periodista Stieg Larsson, murió unas semanas antes de que se publicaran sus libros. En pocos años la trilogía ha vendido más de 27 millones de copias en todo el mundo y ha abierto un vistazo a un género que ha permanecido fuera del radar durante décadas. Marsilio incluso ha creado una serie, titulada Giallosvezia. Pero casi todas las editoriales han estado buscando títulos, autores y series, con resultados mixtos.

¿Qué caracteriza a los amarillos suecos? Es difícil resumir, porque la cantidad de publicaciones es ahora de una consistencia vergonzosa. Pero se pueden distinguir algunos rasgos. En primer lugar, gana la serialidad: los personajes, los lugares, los personajes que regresan ayudan a los lectores a encontrarse. En muchos casos, entre una novela y otra, los protagonistas se casan, se divorcian, tienen hijos y los crían. La vida personal de comisionados, periodistas y varios familiares se convierte en un fino hilo rojo que recorre los distintos «episodios» de la serie. Como ya ha señalado un crítico literario italiano, esta serialidad es tan tranquilizadora como otro producto típico de Suecia, los muebles de Ikea; de todos modos, todo en serie, todo al alcance de todos.

La descripción muy detallada de los movimientos, lugares y horarios está bastante extendida. En algunos casos es funcional a la trama de la novela, en otros parece diseñado para facilitar el trabajo de cualquier guionista que quiera transformar el contenido de un libro en una película. En los casos en los que realmente existen los lugares antes mencionados -como Fjallbacka, donde se ambientan las novelas de Camilla Läckberg- se ha conseguido incluso la creación de paquetes turísticos siguiendo las huellas de los protagonistas de los libros.

Profundizando un poco más, el verdadero núcleo de la ficción criminal sueca reside en el miedo. No en el sentido de que las historias de detectives se construyen siguiendo las líneas de una novela de Stephen King. Es un malestar más profundo: Suecia fue durante décadas la cuna de la socialdemocracia, el bienestar generalizado, la riqueza y el bienestar. Pero esta situación idílica ya no existe. Allí también comienzan a escasear los puestos de trabajo, la inmigración ha transformado el tejido social, ciertos derechos que parecían adquiridos hoy deben recuperarse con esmero. A partir de Stieg Larsson, se hace visible una denuncia de la reacción que se ha dado a este cambio, con el nacimiento y fortalecimiento de movimientos racistas, xenófobos, incluso de inspiración nazi. Aunque solo llega al final de la serie dedicada por Henning Mankell al comisionado Kurt Wallander, el asesinato (aún sin resolver) del primer ministro sueco Olof Palme (en 1986) es en cierto modo la culminación de este deterioro de la sociedad, pero también un nudo que -hasta que se disuelva- mantendrá envuelto de nuevo el deseo del país escandinavo de marcharse. Al mismo tiempo hay fuertes críticas a la forma de gestionar la policía: burocracia y escasez de recursos por un lado, los cambios que la tecnología ha traído a nuestras vidas por otro, hacen de los detectives protagonistas de héroes solitarios, un poco anticuados, a veces inadecuados, que sólo gracias a la profesión, la experiencia y la determinación resignada, son capaces de afrontar los casos que encuentran, aun sabiendo que son los últimos representantes de una forma de trabajar destinada a desvanecerse para siempre.

En conclusión, algunos consejos de lectura. Aunque, como dijimos antes, debemos a Stieg Larsson y «Millenium» (los tres para leer) el estallido de la pasión por la novela policíaca sueca en Italia y en el mundo, debemos remontarnos a 1965 para la primera serie verdaderamente exitosa. : los autores son Maj Sjöwall y Per Wahlöö, el protagonista es Martin Beck. Un premio literario, otorgado por la Academia de escritores del crimen sueco, lleva su nombre. Finalmente, todo Henning Mankell con su Kurt Wallander.

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